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Publicado en General el 10 de Noviembre de 2017

Frank Zappa y The Stooges: las caras del rockumental en el FICCALI

Equipo de Prensa

Como una muestra de los alcances sensoriales del llamado rockumental, la novena edición del FICCALI cuenta en su programación con “Gimme danger” y “Eat that question, Frank Zappa in his own words”. 

Ambas producciones son homenajes hechos con afecto y por la simple pasión a la música. En ellas se evidencian las razones por las que los artistas retratados alcanzaron la gloria y hoy son recordados como leyendas musicales.

Uno cuenta la efímera vida y el posterior reencuentro del grupo liderado por Iggy Pop: The Stooges. Mientras que el otro está cargado de toda la acidez y genialidad de un artista adelantado para su época, Frank Zappa.

Ambas producciones están llenas de la explosión de sentidos que produce el rock. Las dos retratan personajes icónicos de la década de los 60 en Estados Unidos y que siguen siendo vigentes en esta era. Y ambas llegaron con la nueva ola del cine que trae el FICCALI después de haber recorrido otros festivales internacionales.

Dame peligro, pequeño extraño

El cineasta Jim Jarmusch revive los momentos de formación, gloria y decadencia de The Stooges. Con el documental “Gimme Danger”, su director busca canonizar a Iggy Pop y compañía en esta producción que se exhibió en el Festival de Cannes y el Festival Internacional de Cine de Toronto.

A partir de entrevistas, animaciones, archivos de conciertos y de otros recursos visuales, “Gimme Danger” relata la trayectoria de una banda que murió joven y tuvo como bandera la autodestrucción al momento de crear. Sin embargo, The Stooges superó la prueba del tiempo y hoy es vista como una de las agrupaciones de rock más representativas de los años sesenta. De hecho, el mismo Jarmusch los catalogó como “la mejor banda de rock de todos los tiempos”.  

El título de la película es tomado de una de las canciones del tercer álbum de la banda: “Raw Power” (1973). El testimonio de Jim Osterberg, nadie más ni nadie menos que el mismísimo Iggy Pop, sirve de hilo conductor para ir tejiendo la narración. 

Jarmusch, quien recibió la propuesta de hacer la película directamente de Iggy, deja ver cómo el llamado Padrino del punk se movía libre en el escenario como un babuino antes de pelear. Con su collar de perro, su torso descubierto, y en ocasiones vomitando al público, somos testigos de cómo Iggy agradecía los botellazos en la cabeza que lanzaban algunos asistentes mientras la banda exponía su llamado rock de garaje. 

El epílogo del documental no podría ser otro que el regreso de la banda en el 2003, casi treinta años después de su disolución.

La cinta también se recibe como un homenaje a los integrantes fundadores que ya no están, pero que aportaron a que el sonido de The Stooges fuera único. Razón por la que Dave Alexander (bajista) y los hermanos Ron (guitarrista) y Scott (baterista) Asheton serán recordados por siempre en el sonido agresivo y salvaje de esta mítica banda.

Frank Zappa: el hombre al que no hay que dejar de escuchar

“Eat that question, Frank Zappa in his own words” es el retrato de un genio musical que no se conformó con el virtuosismo que descubrió desde joven para componer, sino que siempre fue un paso más allá de lo su propia imaginación. 

Compositor, guitarrista, cantante y productor musical, Zappa fue inspirado desde muy joven por la música de Edgar Varèse, Igor Stravinsky y Anton Webern. Su inquietud y la experimentación melódica lo llevaron a tener más de 60 canciones en su repertorio y a escribir piezas que fueron interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres.

Con su prominente bigote, Zappa  estuvo siempre a la vanguardia. Era un intelectual que se oponía a los discursos conservadores y al movimiento hippie. Incluso, hay quienes lo tildan de haber sido el portavoz de una generación perdida.

Se dice que el director del documental, el alemán Thorsten Schütte, estuvo diez años recopilando todas las imágenes de archivo. Un trabajo que se ve reflejado en las cerca de 20 entrevistas en las que el autor de canciones como “Joe’s Garage” y “Bobby Brown” deja ver su lado más provocador. Sus palabras eran finas punzadas de aguja que perforaban el ego de sus contradictores.

Y, por supuesto, también hay momentos en los que podemos verlo en el escenario con su banda The Mothers of Invention. A menudo aparece moviendo sus manos y su cuerpo constantemente, al mejor estilo de un director sinfónico. 

Fue un hombre que en definitiva rompió los esquemas y que no se guardó nada. Murió en 1993 de cáncer de próstata. Fue la leyenda que cuestionó los parámetros establecidos por la industria musical, el artista incansable que no dudó en llevar su talento a la máxima potencia creativa. Y eso el mundo se lo agradece hoy.

El rockumental: un género para estar más cerca de los dioses

En medio de una amalgama de rebeldía y explosión en Estados Unidos, el rock resaltó en la década del 60 como una de las manifestaciones más contestatarias de la época. 

En ese contexto, el desarrollo tecnológico ofrecía equipos audiovisuales relativamente baratos, de fácil traslado y con la capacidad de captar una calidad decente de audio e imagen. Esto facilitó el surgimiento de un subgénero del documental que se apoyó en un movimiento estético del lenguaje audiovisual. Hablamos del rockumental.

Si bien la relación que se había dado entre el rock y el cine hasta el momento correspondía a dinámicas propagandísticas, el rockumental buscaba acercar a la gente a sus ídolos musicales. Esto generó un proceso de identificación y proyección más factible con el rockstar. Así se hacía posible que los fans “ingresaran” a los camerinos y conocieran las vidas personales de sus ídolos, más allá del escenario.

Algunos de los directores pioneros del rockumental venían de la corriente del direct cinema, una tendencia del cine documental de finales de los años 50 en Estados Unidos que seguía lo planteado por el cinéma verité francés, en tanto que buscaba la “captación directa de la realidad”. 

Según lo sostiene Eduardo Viñuela en su texto “El rockumental o la documentación discursiva de las músicas populares urbanas”, la razón por la que estos directores volcaron su mirada hacia el rock fue porque, para la época, esta manifestación musical era “una forma de expresión artística y de reivindicación social, relacionada con la lucha por los derechos civiles en USA, el pacifismo y la oposición al capitalismo”.

Fue por eso que grabar festivales de renombre como Woodstock, Altamont o Monterrey era una excusa perfecta para retratar el espíritu de la contracultura juvenil. Títulos como “Don’t Look Back” (1965), de D. A. Pennebaker, y “Gimme Shelter”, codirigida por los hermanos Albert y David Maysles junto a Charlotte Zwerin (1970), son ya unos clásicos del género. Otro de los nombres reconocidos en el mundo del documental musical es Julien Temple, quien dio sus primeros pasos haciendo cortometrajes de los Sex Pistols. 

Además de contar con directores especializados en este formato, el rockumental también logró seducir a cineastas como Jean-Luc Godard (con su filme “One Plus One / Sympathy for the Devil”), Jonathan Demme (con “Stop Making Sense”) y Martin Scorsese. De este último se sabe que fue editor de “Woodstock: 3 days of peace & music” (1970) -película que dirigió Michael Wadleigh-, además de ser el director de “El último vals” (1978) y “Shine a Light” (2008).

De acuerdo con Viñuela, “el rockumental contribuyó desde sus inicios y de manera significativa a articular la identidad discursiva del rock como género musical”. Y para lograrlo contó con tres elementos significativos: los personajes, el espacio y los festivales como puntos de encuentro. Todo esto para lograr retratar la simbología de una generación que decía oponerse a las dinámicas capitalistas. 

Y entre los trabajos que han resaltado en los últimos años está “Searching for sugar man”. Un documental que narra la vida de Sixto Rodríguez, mientras el espectador se embarca en su búsqueda en medio de teorías sobre su posible muerte. La película obtuvo el Oscar a mejor documental en el 2013 y su director, Malik Bendjelloul, se suicidó un año después.

Por último, cabe aclarar que en cuanto a la circulación de los documentales musicales se refiere, hoy se pueden contar ya 15 ediciones de un festival dedicado exclusivamente a este género de guitarras, bajos, baterías y amplificadores: el In-Edit. 

Además, los rockumentales tienen la oportunidad de aparecer, todavía de manera muy tímida, en algunas salas comerciales. Sin embargo, las plataformas digitales no dejan de ser una herramienta con la que podemos acceder a innumerables producciones de este tipo. 

Porque si para unos los rockumentales son la oportunidad perfecta de seguirle brindando culto a los artistas que endiosan, para otros no es más que el camino para abrir sus sentidos hacia nuevos sonidos. Sin importar cuál sea la razón para verlos, solo resta decir: ¡larga vida al rockumental!
 

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